22 febrero 2017

Por si ayuda... ANTES DEL FIN! ; )










Supongamos que no eres quien pareces ser. Supongamos incluso, que eres quien ni siquiera tú sabes que eres. Ni mejor, ni peor, diferente. No es fácil saber quienes somos realmente. Saberlo supone un titánico esfuerzo de introspección y aceptación que casi nadie están dispuesto a hacer. Sentimos pánico por si el veredicto resulta demoledor o simplemente no nos interesa saberlo, somos por inercia y fin. En ocasiones somos quienes necesitan los demás que seamos y otras veces quienes más convenientes resultamos ser para evitar conflictos o confrontaciones con los demás y con nosotros mismos.

Ahora imaginemos que se nos quita el miedo a ser cuestionados o a no ser aceptados. A defraudar expectativas, a no conseguir objetivos. Miedo a ser diana fácil de burlas, críticas o abusos. Miles de miedos que nos obligan a ocultamos para sobrevivir. Imaginemos que no necesitamos demostrar nada, ni deseamos la aprobación de nadie y que somos capaces de salir de debajo de todo lo que oculta nuestro verdadero yo, nuestros verdaderos yos ¿Nos reconoceríamos? ¿nos reconocerían los demás?

Se acerca carnaval. Quizá debiéramos aprender a quitarnos el disfraz más que a ponérnoslo. Menos divertido y más arriesgado, pero bastante más saludable. Todos sin excepción lo llevamos. La cuestión es durante cuanto tiempo y frente a quien. Los que ni a solas, ni a ratitos y en confianza se lo quitan, mueren aplastados por su peso. Es así. Nada más agotador que no poder ser quien realmente somos. Nada más letal que no saber o no poder serlo nunca.






Hay un libro maravilloso, muy fácil de leer,  poco más de cien páginas. Cuando ando un poco perdida -casi siempre- lo releo. Fue escrito cuando su autor contaba 87 años, una especie de memorias. Me impresiona la naturalidad con la que se muestra este grandísimo hombre. Dibujando un recorrido por su vida -entre el pesimismo y la esperanza- con pincelada entrañables. Sin artificios, ni fanfarrias, tal cual! Fue doctor en ciencias físico-matemáticas que estudió tras huir de la URSS a donde llegó desde su Argentina natal siendo un joven revolucionario que hubo de abandonar por pies renegando del comunismo que Stalin convirtió en la peor de las dictaduras. Al final, testigo insobornable de su vida hace un llamamiento a las nuevas generaciones para que salven al planeta de la barbarie tecnológica, la violencia y la soledad: “Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”. A veces, cuando me duele mucho lo que veo al rededor lo leo como analgésico estimulante. El caso es que para sorpresa de todos, en 1943, con 42 años, abandonó su puesto en el instituto Curie de París, una de las más altas metas para un físico, trasladándose a una casita sin agua ni cristales, en medio  de la Pampa argentina a 17 grados bajo cero para escribir. No os cuento más. Os hablo de ERNESTO SABATO. Además de extraordinario escritor y ensayista, también fue pintor. Se consagró con solo tres novelas, la más famosa El túnel. Abaddón el exterminador y Sobre héroes y tumbas, esta última, considerada una de las mejores novelas argentinas de todo siglo XX, pero aquí os hablo de 
 


( Os la dejo en PDF por si alguien desea leerla ) 

Nunca invertiréis mejor vuestro tiempo, palabra! 


No me resisto a irme sin dejaros un pedacito del final 
   que  resucita a un muerto o a mi me lo parece, 
así que atentos los terminales ; )


Les propongo entonces, con la gravedad de las palabras finales de la vida, 
que nos abracemos en un compromiso: salgamos a los espacios abiertos,
 arriesguémonos por el otro, esperemos, con quien extiende sus brazos, 
que una nueva ola de la historia nos levante. Quizá ya lo está haciendo,
 de un modo silencioso y subterráneo, como los brotes que laten bajo 
las tierras del invierno. Algo por lo que todavía vale la pena 
sufrir y morir, una comunión entre hombres,
un pacto entre derrotados.”







Nunca me gustó disfrazarme.
Me ponga lo que me ponga
siempre se sabe quien soy , pero...